El prestigioso Modista, Lorenzo Caprile, es antiguo alumno de SEK-Ciudalcampo. Pasó 8 años en sus aulas y guarda muy buenos recuerdos. Es conocido por sus trajes de novia y ceremonia y por sus figurines para teatro.

 

¿Sabe por qué sus padres eligieron un colegio SEK?

Porque mis primos iban al de Arturo Soria y estaban muy contentos.

Mis padres fueron a ver Ciudalcampo, que estaba recién estrenado, porque yo entré en 5º de EGB en el curso 77-78, y me parece que se inauguró en el 76-77, y todas las instalaciones estaban nuevas. Entonces el director era don Abdón. Estuve allí 8 años, desde 5º de EGB hasta COU. Terminé en la promoción de 1985.

 

¿Qué recuerdos mantiene de aquellos años?

Los recuerdos son muy buenos. Y conservo de entonces muy buenos amigos, con los que me sigo viendo. De hecho, ahora, en breve, tenemos una reunión, porque procuramos reunirnos una vez al año. Además, a muchas mujeres de compañeros y a las compañeras mismas les he hecho el vestido de novia a lo largo de estos años.También sigo en contacto con algunos profesores. Tuve muy buenos profesores y sigo en contacto con ellos.

Recuerdo las Semanas Blancas, que lo pasábamos fenomenal, los campamentos, los viajes fin de curso…

Tengo muy buenos recuerdos del colegio, lo pasé muy bien.

 

¿Qué profesores recuerda?

Don Víctor Gómez en Lengua y Literatura, doña Bárbara Pastor, en latín, don Enrique que ahora está en la Universidad Camilo José Cela, don Salvador, en matemáticas, que le vimos en un encuentro hace unos años…

 

Respecto al ideario y los valores del SEK, ¿hay algo que usted cree que le ha dejado huella?

Lo que más aprecio del colegio es que era muy liberal, en el buen sentido del término. Te enseñaba unas asignaturas, pero te dejaban toda la libertad, no había un pensamiento único, ni para un lado ni para el otro.

Inculcarte lo que tienes que pensar no lo tiene que hacer el colegio, eso es un tema de la familia, el colegio te tiene que dar conocimientos y valores para convivir en la sociedad. Por eso valoro que, en el SEK en ningún sentido me sentí nunca presionado, cada uno pensaba lo que quería y discutía con quien y de lo que quería.

Había una total libertad de pensamiento. Si lo pienso unos minutos más, creo que los años del SEK también me han enseñado a ser constante, a ser un “corredor de fondo”, a terminar las cosas que empiezo. Y, paradójicamente, estas enseñanzas provienen de algo que para mí fue una auténtica tortura en mi época escolar: el Cross del SEK.

Para mí era una pesadilla que llegara el día en que se celebraba el cross. Yo no era deportista, no me gustaba correr y además no se me daba bien, otro compañero y yo siempre llegábamos los últimos cuando el resto hacía horas que había terminado. Me ponía enfermo una semana antes de que llegara la fecha, pero mis padres me obligaban a ir al colegio ese día, y siempre empecé y terminé el cross, con todo mi esfuerzo, pero lo terminaba, constante hasta el final. A otra compañera, Belén de

Haro, le pasaba lo mismo, pero al revés. Ella siempre ganaba, y una semana antes también se ponía enferma y nerviosa pensando en la carrera y en el record que tenía que batir. Todos lo pasábamos mal, por unos motivos u otros, pero todos lo hacíamos, porque a todos nos inculcaron, el valor de la constancia, que lo que se empieza hay que terminarlo, y que la vida, en realidad es eso, una carrera de fondo.

 

“Creo que los años del SEK también me han enseñado a ser constante, a ser un `corredor de fondo´, a terminar las cosas que empiezo”

 

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Es licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad de Florencia, ¿qué tienen que ver estos estudios con su carrera como diseñador?

Mis primeros estudios, los primeros que hice, fueron de mi profesión, pero siempre me quedó el prurito de estudiar una carrera al uso. Yo era buen estudiante, sobre todo en letras, de los mejores de mi promoción. En las asignaturas de letras siempre sacaba sobresalientes y matrículas de honor.

Por eso, cuando terminé mis estudios de moda y me quedé en Italia trabajando, mientras trabajaba me matriculé en Lengua y Literatura y saqué la carrera. Mi formación primera fue la moda.

La Lengua y Literatura era mi ho- bby, un capricho, y ahí sí que influyeron muchos mis profesores, en especial don Víctor Gómez que ha sido uno de los mejores profesores que yo he tenido nunca, incluso en la universidad.

Pero yo tuve claro desde el principio lo que quería ser y, afortunadamente, lo que soy. Eso se puede preguntar en el colegio, desde los pupitres que los dejaba llenos de dibujos, hasta un montón de niñas que conservan bocetillos que yo les hacía. Preguntad a cualquiera de mis compañeras de promoción.

 

Si tuviera que buscar colegio ahora, ¿qué criterio sería decisivo?

Lo primero que tengo que decir es que considero a los padres actuales unos auténticos héroes. El mundo que yo conocí cuando crecí y el que ellos conocieron, no tiene nada que ver con el mundo de hoy. A mí, por ejemplo, me aterroriza la revolución tecnológica, que no sabría manejar como padre.

Los niños de ahora van muy por delante de la generación anterior, que somos nosotros. La tecnología es nuestra asignatura pendiente respecto a esta generación que ya nace con el dedo puesto en el aparato. Hay un gap generacional.

El colegio que vivieron nuestros padres era más o menos como el que vivimos nosotros y, sin embargo, el que viven ahora nuestros niños está a años luz.

 

¿Qué proyectos más inmediatos tiene Lorenzo Caprile?

A cortísimo plazo, mi proyecto principal es que la temporada alta sea un éxito y que todo salga bien, que la clientela siga contenta conmigo.

Además, estamos trabajando en el vestuario para una versión de “EL Caballero de Olmedo” dirigida por Eduardo Vasco, que se estrenará en el Calderón de Valladolid en Octubre.  A medio plazo mi objetivo es mantenerme, que el taller siga abierto, que haya trabajo  y que pueda mantener a mi equipo.