Este mes está siendo diferente por todo lo que estamos viviendo a nivel mundial por el COVID-19. por ello, queremos seguir presentándoos y agradeciendo a los Alumni que están dando la cara y trabajando muy duro para que todo esto pase lo antes posible.

Hoy hablamos con Luis Álvarez, Alumni de SEK-Arturo Soria y SEK-Ciudalcampo, y cirujano en la Fundación Jiménez Díaz.

¿De qué año a qué año estuviste en SEK y qué cursos hiciste?

Empecé en el Colegio Arturo Soria en 1968. Tenía 5 años. Allí curse todos mis estudios hasta que en 1975 nos fuimos a inaugurar el colegio de Ciudalcampo, donde curse 8º EGB, y posteriormente estuvimos en la 1ª promoción del Bachillerato Internacional de Ciudalcampo, COU incluido.

¿Qué recuerdos tienes de tu paso por SEK?

Todos los recuerdos que tengo son magníficos. De los primeros años recuerdo las actividades extraescolares tan avanzadas. Teníamos desde astronomía hasta cocina. Lo mejor eran los compañeros y profesores. Sigo manteniendo un grupo amplio de amigos que nos seguimos viendo de forma continua y que nos conocimos hace más de 50 años.

De Ciudalcampo recuerdo los inicios, y en especial mi curso de BI (Bachillerato Internacional). Éramos solo nueve alumnos, muy unidos entre nosotros y con el profesorado, realizando actividades de investigación y trabajos muy interesantes.

¿Cuál ha sido tu trayectoria desde que terminaste el colegio?

Una vez acabado, estudié Medicina en la Universidad de Alcalá de Henares. Luego realicé mi especialización en Traumatología, con mucha proyección en el extranjero. Tuve rotaciones en Estados Unidos durante mi residencia y, al finalizar, realicé un Fellowship en Cirugía de Columna en Nueva York. Creo que ese interés en viajar e iniciar nuevos proyectos viene derivados del colegio.

¿A qué te dedicas actualmente?

Actualmente soy Jefe de la Unidad de Columna de La Fundación Jiménez Díaz y director del Instituto Avanzado de Columna.

¿Cómo estás viviendo esta situación y cuáles son tus funciones?

Estamos viviendo un momento histórico. Una catástrofe de dimensiones internacionales que afecta a una generación que estábamos acostumbrados al bienestar como forma de vida. Una de mis funciones actuales en el hospital es el de informar a diario a las familias sobre la evolución de los pacientes. Ver cómo hay parejas de ancianos que se han visto separados de repente, que es posible que no se vuelvan a ver y que su único contacto es a través de nuestras llamadas, y de un equipo de enfermeras y auxiliares espectaculares que utilizan sus móviles para conectarles. Supone un drama, y al mismo tiempo una esperanza, porque se ven familias que vuelven a estar fuertemente unidas. Creo que, de este desastre, nuestra sociedad puede salir reforzada y volver a recuperar unos valores que se estaban perdiendo.