"Los dos años en el SEK Alborán formarán parte sin duda alguna de las grandes decisiones personales de la vida."

A los 16 años me trasladé al Sek Alborán para cursar los estudios de bachillerato previo aterrizaje en la universidad. Forma parte sin duda alguna de las grandes decisiones personales en la vida, y sencillamente puedo afirmar que fue un acierto absoluto.

La llegada a cierta edad a un ambiente nuevo en ocasiones no es fácil, y debo reconocer que en el SEK Alborán el aclimatamiento duró mucho menos de lo esperado. Desde el principio el profesorado se volcó conmigo y, sobre todo, los grandes compañeros con los que compartiría los próximos dos años me recibieron con los brazos abiertos. Viéndolo con perspectiva, uno no puede sino agradecer abiertamente a todas esas personas que altruistamente se “abrieron” ante el nuevo de la clase.

Más allá de las muchas amistades que se entrelazaron en aquellos años (y que aún se mantienen), hay que reconocer por encima de todo el nivel educativo del colegio y su vocación para con el examen final de acceso a la universidad, objetivo número 1 desde el primer día del curso académico. La organización docente y el nivel del profesorado caló desde el inicio en mí y en el grupo, y los resultados al final de la carrera de fondo que supone el bachillerato, así corroboraron la inversión de esta institución en una educación de alta calidad.

El SEK dejó huella en mí y estoy convencido de que parte de los acontecimientos que se desarrollaron posteriormente en mi vida han dependido en gran medida del paso por la institución.

El sello SEK siempre nos acompañará allá donde estemos, y estoy convencido de que esa impronta que todos llevamos tatuada es de las que uno nunca se arrepiente de llevar. El SEK siempre por bandera.